INTRODUCCIÓN A LA CEGUERA Y LA SORDOCEGUERA

En España, así como en todos los países donde las personas con cualquier tipo de discapacidad física, sensorial o psíquica tienen un marco legal que les garantiza una igualdad de derechos frente al resto de la sociedad, las personas con una agudeza visual muy reducida, en nuestro caso inferior al 10%, son consideradas legalmente ciegas y ello les da derecho a beneficiarse de una serie de ayudas o compensaciones; siempre hablando de nuestro país, este colectivo adquiere las ventajas de poder contar con los servicios que ofrece la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE), que van desde la escolarización de los menores, la formación encaminada a obtener puestos de trabajo, los servicios de atención a la tercera edad..., hasta asesoramientos más puntuales en temas como la independencia personal, el aprendizaje de técnicas adaptadas de lectura y escritura, la obtención de ayudas económicas para realizar estudios superiores, y un largo etcétera. En el amplio colectivo que constituyen las personas legalmente ciegas, se pueden distinguir claramente tres subgrupos, que sin duda pueden ser más según el tipo de clasificación que se desee hacer: los ciegos parciales, los ciegos totales y los sordociegos; hablemos muy brevemente de ellos pues, aunque el tema no parezca propio de esta sección y quizás tampoco de todo este sitio Web, dedicado ciertamente a la discapacidad visual pero en su intersección con el mundo de la informática, podrá comprobarse en seguida que es de vital importancia para comprender a quiénes va destinado el contenido de la sección a cuya introducción estamos dando cuerpo:
   - El colectivo de los ciegos parciales está constituido por aquellas personas que todavía pueden utilizar su sentido de la vista, bien de una forma activa (lo que se da en llamar "resto visual", que según sus proporciones puede permitir desde distinguir la luz de la oscuridad hasta leer en un libro impreso con alguna ayuda óptica), o de forma pasiva (lo que se denomina "residuo visual", que no representa la oscuridad completa pero que no permite valerse de una forma mínimamente fiable del sentido de la vista). En el grupo de las personas con resto visual, podemos aún hacer una segunda clasificación más de orden psicológico que sensorial, distinguiendo entre las que utilizan su vista y las que prescinden de ella aún siendo conscientes de poseerla; las primeras, en la práctica totalidad de casos, se unen al grupo de las personas con baja visión, que son aquellas que poseen una agudeza visual inferior al 40% de la óptima y para las cuales existe una sección en esta página Web que describe las herramientas que pueden emplear si desean utilizar un ordenador; algunas de estas adaptaciones requieren un resto bastante alto de visión, pero la mayoría tienen soporte para casi todas, si no para todas, las exigencias de un usuario con dificultades visuales. Quienes no utilizan su resto visual, bien por no encontrarlo seguro, bien por prescripción médica, o por cualquier otro motivo, pasan a integrarse moralmente en el colectivo de los ciegos totales aunque no lo sean en la realidad más que por expreso deseo suyo; para estos usuarios y también para los que sólo cuentan con un residuo visual no aprovechable, es obvio, la tecnología informática de baja visión no resulta útil en ningún caso.
   - El colectivo de los ciegos totales lo integran, aparte las salvedades citadas en el punto precedente, aquellas personas que tienen completamente anulado el sentido de la visión y que, por tanto, deben utilizar cualquiera de los otros cuatro para compensar esta carencia. Las dos herramientas básicas que se utilizan en informática para suplir a la visión, de las cuales hablaremos en las diversas subsecciones de la sección que ahora introducimos, son la voz sintética o grabada y el código de lecto-escritura Braille; sin lugar a dudas la segunda solución sería la ideal para todos los casos, pues es la que ofrece información más directamente, pero tiene el insalvable inconveniente del precio muy alto que supone adquirir los dispositivos que posibilitan su uso; así pues la voz, con la que en muchos casos es fácil familiarizarse, es una alternativa barata y de gran agilidad si se sabe aplicar adecuadamente.
   - El colectivo de los sordociegos está formado por aquellas personas con una discapacidad visual que las hace constar como legalmente ciegas, y con una discapacidad auditiva que las contempla como legalmente sordas; a partir de aquí, todas las combinaciones son posibles, desde la persona dura de oído con baja visión hasta la completamente sorda y completamente ciega. Muchas personas e instituciones, incluídos los propios organismos oficiales y legisladores (hablamos principalmente de España), consideran que es un error tratar a la sordoceguera como una discapacidad propiamente dicha, sino que debe considerarse como la unión de dos; el gran error, precisamente, es esta creencia, pues la suma de dos disfunciones, sean cuales sean, genera una serie de problemas exclusivos de esa situación que no pueden ser tratados ni resueltos si se analizan de forma separada. En el caso de la informática, que es el que nos atañe, una persona dura de oído que tenga un resto visual aprovechable, podrá valerse de las aplicaciones para baja visión siempre que no se basen en el sonido, una persona totalmente sorda y con resto visual también podrá utilizar los programas descritos pero cuando el sonido no tenga ningún papel en ellos, un usuario duro de oído y ciego total empleará programas con salida Braille que no se basen en el sonido y, para completar el campo de posibilidades, un usuario sordo total y ciego total sólo podrá utilizar técnicas con salida Braille.
   Un tema de permanente discusión que creemos merece un comentario aquí es el de distinguir las exigencias de una persona con resto visual y una sin él en el terreno informático; los miembros de cada uno de estos colectivos tratan de convencer a los del otro y muchas veces a sí mismos de que su problema es el que requiere más atención, dedicación y material, cuando lo cierto es que tanto uno como otro precisan grandes esfuerzos tecnológicos y humanos, lo que se explica de la siguiente forma. Un usuario que aprovecha su resto visual espera de un ordenador, por encima de todo, que sea capaz de suplir lo que su sentido de la vista no puede transmitirle; por tanto, y dejando aparte las soluciones basadas en medios no visuales que pueda emplear para descansar los ojos o para agilizar su trabajo, lo que necesita es que se le facilite un acceso a las imágenes que sea adecuado a las condiciones de su visión, que nunca coincidirán entre dos usuarios diferentes: uno tendrá preferencia por unas combinaciones de colores, a otro le perjudicará un determinado resalte de la imagen, a éste le convendrá que la salida visual se circunscriba a un campo muy reducido de acción, a aquél le hará falta un nivel de ampliación muy considerable dado su escaso resto visual, etc.; es por tanto errónea la idea que tienen algunas personas que nunca han visto o que son ciegas desde mucho tiempo atrás, que quienes tienen resto visual sólo necesitan que se les amplíen las imágenes para tener acceso a ellas. Igualmente errónea es la idea que tienen las personas con resto visual de que las que no ven nada son todas una misma y no requieren productos complejos para satisfacer sus necesidades; es muy cierto que, si bien en la baja visión cada caso es un mundo, en la ceguera total (incluímos aquí a quienes no aprovechan su resto visual o sólo disponen de un residuo inutilizable) todos son el mismo pues la capacidad que se evalúa es inexistente, luego no se toma en consideración; ahora bien, las adaptaciones informáticas pensadas para ciegos totales deben ser capaces de suplir de forma total, no parcialmente, a la vista con la que no se cuenta, por lo que tienen que responder de una forma muy precisa, averiguando y muchas veces casi adivinando qué es aquello que el usuario espera recibir como respuesta, pues lo que para uno que cuenta con resto visual representa un simple gráfico se asocia a una compleja descripción para el que no ve nada, huyéndose siempre del tópico de las descripciones literales que casi nunca tienen efecto.
   Patente ha quedado que el campo de las aplicaciones informáticas para discapacitados visuales es muy amplio, tanto por sí mismo como por la utilidad que se le sepa, quiera y pueda dar; en otra sección de nuestra página Web hablamos de las aplicaciones en principio destinadas a las personas con baja visión y de las que difícilmente se pueden beneficiar las ciegas totales; en la presente sección, en cambio, hablaremos de las adaptaciones que son útiles a los dos colectivos, de ahí que no la hayamos titulado, como era nuestra intención inicial, algo así como "aplicaciones para ceguera total", pues si bien sus destinatarios principales pueden ser los miembros de este colectivo, son perfectamente usables por quienes disponen de poco resto visual y encuentran en la voz y/o el Braille a dos aliados en sus tareas cotidianas, nada reñidos con las herramientas que puedan incrementar su percepción o agudeza visual.




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