INTRODUCCIÓN Y DATOS PREVIOS SOBRE LA BAJA VISIÓN

El porcentaje de personas con discapacidad visual (PDV) está creciendo porque los progresos que se realizan en los servicios de salud, que causan el aumento de la esperanza de vida, no consiguen evitar el envejecimiento de los ojos. Estas PDV, tanto si son ciegos (B1) o con baja visión (B2), necesitan seguir tratamientos de rehabilitación que les permitan sustituir o mejorar la función visual perdida o dañada. Estos tratamientos deben aplicarse inmediatamente después de detectar la discapacidad con el fin de paliar las secuelas psicológicas, sociales, laborales y económicas asociadas a todo proceso de discapacidad; la detección precoz del problema es, por lo tanto, muy importante para evitar que la discapacidad provoque daños irreversibles a la PDV, como es el caso de una incapacidad laboral prematura que le retire la posibilidad de trabajar a una edad en la cual todavía podría ser útil a la sociedad, a su familia y a su propia autoestima. Por ello, es absolutamente necesario que cuando un servicio médico, educativo, laboral o socio-cultural detecta un problema de discapacidad visual proceda de inmediato a dirigir a la persona afectada a un servicio de rehabilitación adecuado.
   En este texto proponemos los nombres de "visioterapeuta" y de "visiopeda" para designar a los profesionales dedicados a aplicar a las PDV tratamientos de rehabilitación visual. Los visioterapeutas aplican terapias curativas o correctivas, como las apropiadas para corregir la ambliopía y el estrabismo, y los visiopedas enseñan a sustituir o mejorar las funciones visuales. Muchos tratamientos de rehabilitación visual emplean adaptaciones y ayudas técnicas especializadas que proporcionan una o varias de las tres tecnologías usadas para mejorar o sustituir la función visual: ampliación de imágenes, uso de voz (natural o sintetizada) y gráficos táctiles, como el alfabeto Braille; debe resaltarse aquí la importancia creciente de las ayudas que usan voz sintetizada, por ser de utilidad tanto para ceguera como para baja visión. Aprender a usar estas ayudas es un objetivo fundamental de los tratamientos de rehabilitación; el nivel de la tecnología no debe ser un obstáculo para realizar un tratamiento considerado necesario; se suelen distinguir dos niveles: baja tecnología, que incluye ayudas mecánicas, ópticas y electrónicas, y alta tecnología, en las que intervienen la informática y las comunicaciones.
   Actualmente, es frecuente que cuando se detecta la discapacidad se aconseja la visita a un especialista; si la persona afectada puede afiliarse a la ONCE, recibirá normalmente un tratamiento completo, pero es mucho más habitual que la afiliación no sea posible por ser un caso que se inicia con una baja visión que no es considerada ceguera legal; la gran mayoría de estas personas no reciben ningún tratamiento o es claramente insuficiente. Los servicios de salud pública no incluyen los tratamientos de rehabilitación visual, ni siquiera incluyen servicios de optometría de forma oficial, aunque algunos centros los proporcionen como parte de los servicios de enfermería.
   Afortunadamente, cada vez hay más ópticos especialistas en baja visión, capaces de valorar las características del paciente y prescribir ayudas ópticas y electrónicas adecuadas; son servicios privados, no asequibles a todos y enfocados a la tecnología en vez de a la terapia visual, pero en algunos casos ya han evolucionado hasta convertirse en centros de baja visión que realizan rehabilitación visual de forma complementaria como parte de sus protocolos de optometría. Los visiopedas que trabajan en estos centros, que son en su mayoría terapeutas ocupacionales, han sido formados solamente en ayudas de baja tecnología y no trabajan fuera de estos centros, pero ya podemos considerarlos, junto a los especialistas que trabajan para la ONCE, como los primeros ejemplos de la profesión cuya implantación tanto necesitamos. Es de esperar que estos centros evolucionen hasta convertirse en centros integrales de rehabilitación visual trabajando con protocolos terapéuticos de orientación funcional que incluyan soluciones y tratamientos que emplean todas las ayudas técnicas aplicables, sean de baja o de alta tecnología. Los visiopedas encargados de realizar los tratamientos prescritos tienen que trabajar principalmente en la calle y en los domicilios particulares de las PDV, para garantizar que los tratamientos y las ayudas son capaces de alcanzar los resultados previstos. Esta propuesta puede parecer utópica y teórica por lo lejana que se halla de la situación actual, pero hace muy poco tiempo que también parecían utópicos los servicios y las ayudas de las que ya disponemos ahora, que además están mejorando rápidamente. La reciente creación de la Asociación de Profesionales de la Rehabilitación de Personas con Discapacidad Visual (ASPREH) es otro hecho importante que nos permite contemplar el futuro con esperanza.


Los oculistas opinan que las personas con una agudeza de visión inferior al 40% de la que se considera normal, deben realizar un tratamiento de rehabilitación visual, pasando a formar parte del amplio colectivo de las personas con baja visión. En España apenas existen centros dedicados a la rehabilitación visual y la mayoría de los que hay pertenecen a la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España); para poder afiliarse a la ONCE y por consiguiente beneficiarse de la gran mayoría de servicios que esta entidad ofrece, se requiere una visión inferior al 10% de la normal; se calcula que por cada persona que cumple este requisito (seguimos circunscribiéndonos a España) hay otras diez con baja visión que no lo cumplen, destacando especialmente el grupo de las personas de avanzada edad. En resumen, unos seiscientos mil españoles, el uno y medio por ciento de la población de este país, necesitan adaptaciones para superar su discapacidad visual.
   Las soluciones más sencillas consisten en la utilización de una iluminación adecuada y el empleo de lupas y oculares (tele-lupas) o telescopios; el uso de circuitos cerrados de televisión (CCTV) puede ser también una solución efectiva aunque incrementa notablemente los costes. Pero las adaptaciones más potentes son las que se basan en ordenadores complementados con los necesarios programas informáticos para ofrecer la máxima eficiencia y flexibilidad a un precio que puede ser parecido al de un CCTV de altas prestaciones.
   Para las personas con resto visual, un lector de pantalla por voz (como puede ser el popular JAWS for Windows nacido en Estados Unidos y comercializado ya en todo el mundo) no es una buena solución, ya que a veces la voz no se sigue bien y se necesita algo diferente para analizar un texto o cualquier otra información con mayor precisión; este algo puede ser el Braille (código de lecto-escritura al tacto que emplean los ciegos de todo el planeta), si se conoce, o la magnificación de caracteres, siendo pues más convenientes las adaptaciones que integran la voz, la magnificación y si es factible el Braille. También es posible usar sólo magnificación, pero es muy cansado para la vista trabajar únicamente agrandando la imagen y se necesita mucha práctica para operar así, especialmente si se usan ampliaciones de nivel alto que sólo permiten ver una pequeña región de la pantalla cuando se activan.
   Entre las adaptaciones que usan los dos métodos de salida principales ya citados, destacan los productos de las empresas Ai Squared (el ZoomText Xtra) y Dolphin Computer Access (el Lunar Plus y el Supernova). La elección entre estos tres productos depende, además del precio, de las preferencias y costumbres personales y lo mejor es, antes de lanzarse a adquirirlos, probarlos a fondo para ver cuál se prefiere. Además existe el problema de los requisitos del ordenador, pues no todas ellas funcionan en todos los equipos; especialmente crítica es la controladora de vídeo que se usa, dado que hay tarjetas y configuraciones que no son soportadas por algún producto. No es un tema sencillo y por esto, en la Fundación de Ciegos Manuel Caragol, hemos iniciado un proyecto para baja visión con cuyos resultados iremos nutriendo la presente sección de nuestra página Web.
   Aunque todavía es algo prematuro para hacer afirmaciones contundentes, la impresión a nivel general es que la elección de adaptaciones depende de la tecnología (voz o magnificación) que prefiera el usuario, lo cual depende a su vez de su vista y de su experiencia anterior. Una persona que muestra predilección por ampliar la imagen y se ayuda además con la voz, preferirá posiblemente el programa ZoomText Xtra; en cambio, una persona que usa la voz con regularidad y se ayuda esporádicamente con la magnificación preferirá el Lunar Plus o el Supernova. Este último producto, el Supernova, es al parecer el más completo que existe para baja visión, pudiendo integrar incluso Braille además de voz y ampliación; el problema, secundario pero existente, puede ser que no soporta bien la línea Eco Braille (fabricada por la ONCE y que muchos usuarios de habla hispana poseen) para los que quieren aprovechar su integración con este código de escritura, pero es una adaptación magnífica y además cuenta con versiones traducidas al castellano.
   La persona con baja visión, en resumidas cuentas, puede elegir el magnificador que mejor se adapta a sus problemas visuales entre una oferta bastante amplia de productos, de los que destacan los esquematizados en el apartado correspondiente de esta sección, pero en la práctica se encuentra en el dilema de tener que elegir entre algún producto de bajo precio pero con prestaciones limitadas o un producto adecuado pero de alto coste. La realidad es que no existe ningún producto que sea a la vez bueno y barato; otro inconveniente práctico importante para muchos usuarios es la falta de una buena documentación en castellano, lo que crea un problema de formación en el producto.
   Una observación importante, y con esto terminamos, es que los magnificadores, independientemente de su calidad y prestaciones, no son la única ayuda para el problema de la baja visión. Pueden aportar otro tipo de soluciones la elección del hardware adecuado y los programas lectores de textos, combinados con software de reconocimiento de caracteres (OCR); los textos pueden incluso no estar en formato digital, pues pueden ser capturados como imágenes mediante escáneres o tabletas digitalizadoras y ser convertidos desde la imagen a caracteres codificados en formato legible por los lectores de textos. La mejor alternativa a un magnificador de alto coste puede ser la combinación de un monitor de buen tamaño con un magnificador sencillo y un lector de textos. Todos estos temas los iremos estudiando en la presente sección de la Web, cuya introducción sólo ha pretendido ofrecer una visión general de sus contenidos.




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