Juzgamos oportuno publicar aquí un extenso artículo escrito por nosotros y que, bajo el epígrafe que antecede, viene a describir el campo de la tecnología de que se ocupa nuestra institución, lo cual complementará la presentación que de ella hicimos en el primer apartado de la página Web que tenéis en pantalla.
Este artículo, resumidamente, es una introducción a la tecnología informática que los ciegos o discapacitados visuales pueden usar para acceder a la información que de otra forma les sería inaccesible. Esta tecnología de rehabilitación visual es fundamental para integrar a estas personas discapacitadas en la actual sociedad de la información.
El artículo divide las adaptaciones existentes en dos niveles. Dentro de las adaptaciones de bajo nivel se describen las tres tecnologías básicas disponibles (ampliación de las imágenes y textos visualizados, síntesis de voz y salida usando el alfabeto Braille). Dentro de las adaptaciones de alto nivel se describen las soluciones disponibles basadas en una o varias de estas tres tecnologías, agrupadas también en tres apartados: revisores de pantalla, revisores de documentos y tomadores de notas.
El artículo termina con una llamada de atención sobre el gran obstáculo existente para la difusión de esta tecnología, que no es otro que su alto precio de adquisición.
Al ser el presente, como antes se indicó, un trabajo muy extenso, existe la posibilidad de descargarlo completo en formato Microsoft Word con imágenes y también en texto plano ASCII para MS-DOS, con lo que se podrá relizar de él una lectura más detenida; para obtener los ficheros basta con que activéis el enlace que figura a continuación.
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El concepto de "supresión de barreras arquitectónicas", que en pocas palabras puede definirse como la adaptación de las condiciones de trabajo, desplazamiento y vida cotidiana en general a las necesidades de las personas con discapacidades físicas, sensoriales y psíquicas, ha sido y es, sobre todo desde la celebración de los juegos paralímpicos de Barcelona 92, frase de moda y gran preocupación de estamentos públicos, empresas y ciudadanos de a pie, tanto afectados como ajenos al asunto. Toneladas de papel emborronado, acaloradas discusiones a veces lindantes con la pelea, horas y horas de emisiones radiofónicas o televisivas, kilométricas facturas de teléfono y, sobre todo, desenterrar grandes sumas de dinero contante y sonante, se han derivado de esta breve pero inapelable exigencia, porque es el caso que ya no es válido construir jardines públicos con escalones de entrada en el lugar de ligeras rampas, ni viviendas cuyos accesos no pueda cruzar una persona con silla de ruedas, ni tampoco instalar ascensores sin adaptaciones táctiles en sus mandos o sistemas de aviso únicamente sonoros y no visuales. Pero lo que más dolores de cabeza está ocasionando o habrá de desencadenar más pronto o más tarde es la adaptación, a veces equivalente a la reconstrucción, de lo ya existente, y es que por ley cada ciudad deberá tener adaptados con rampas todos sus pasos de peatones, debidamente numerados sus autobuses, sonorizados sus semáforos y, entre muchos otros aspectos, el que puede ser más difícil de conseguir: cada una de sus estaciones de metro o ferrocarril tendrá que disponer de ascensores de acceso, de pasillos con relieves marcados y de señalizaciones visuales, sonoras y táctiles; parece una utopía pero es una inminente realidad a partir del momento en que la proclama en cuestión pasó a formar parte de la legislación de muchos países.
También al mundo de la informática, ciencia -por así llamarla- hace poco para los elegidos entre los elegidos y hoy pan de cada día de toda la sociedad, han llegado los ecos de esta justa reivindicación, sobre todo a partir del momento en que trabajadores con deficiencias visuales considerables -quienes van a constituir el argumento de este escrito- se vieron obligados a sentarse delante de la pantalla de un terminal, sin más ayuda que tal vez la de algún compañero de oficina, para redactar cartas o entrar datos sin poder leer lo tecleado. La verdad es que las primeras adaptaciones informáticas diseñadas para personas ciegas, desde luego muy rudimentarias y con un alto porcentaje de fallos, aparecieron en Estados Unidos a principios de los años ochenta, pero no fue hasta los noventa y sobre todo hasta 1995, año en que surgió la primera versión moderna de Microsoft Windows (Windows 95), que la sociedad tuvo conocimiento de su existencia. Diversas empresas de otras tantas naciones del globo han ayudado, poco a poco y no siempre cosechando éxitos en las primeras tentativas, a paliar las faltas de este vasto colectivo, hasta el punto que hoy día, aún siendo numerosos los problemas con que se encuentra una persona de tales características frente a un ordenador, se ha andado un largo camino y las empresas mencionadas luchan más por obtener productos pulidos al máximo con que adueñarse del mercado, que no por encontrar soluciones a casos difíciles que conllevan horas y horas de estudio.
La situación de España con respecto a la discapacidad visual es quizá única en el mundo y, por ello, merece una mención aparte; por muchas razones que sería difícil exponer en pocas palabras, la población de nuestro país, en más casos de los que se puede consentir a una nación oficialmente del mundo evolucionado, todavía considera a las personas ciegas como ajenas al resto de la sociedad: bien los toma por héroes de inteligencia muy superior a la del resto de los mortales, o bien los margina como poco menos que seres inútiles totales; es asombroso constatar que, incluso ciudadanos poseedores de un alto nivel cultural y con puestos de cierta responsabilidad a su cargo, no se imaginan a una persona sin vista desempeñando otro oficio que la venta de los populares cupones benéficos de la Organización Nacional de Ciegos y, qué duda cabe, ni en sueños se la figuran enfrentándose a un ordenador. La realidad, como se habrá podido suponer, es muy otra, pues cualquier persona sin vista que sirva para el oficio y que se proponga superar todos los obstáculos que en él vayan surgiendo, puede utilizar un ordenador tanto a nivel de usuario como de programador o técnico; para no iniciados en la materia resulta incluso cómico imaginar a una persona sin vista diseñando páginas Web..., pero la realidad en este caso supera a la ficción en más oportunidades de las que cualquier experto podría aventurar.
El campo de las soluciones informáticas para personas ciegas o con baja visión es muy extenso, pero básicamente lo integran dos categorías: las adaptaciones propiamente dichas (que denominaremos "adaptaciones de bajo nivel") y las aplicaciones de soporte para ellas (que llamaremos "adaptaciones de alto nivel", y que se dividen en tres grandes grupos: los revisores de pantalla, los revisores de documentos y los tomadores de notas). Trataré de ofrecer una visión general de todo ello obviando en lo posible detalles técnicos y otros aspectos secundarios que, a pesar de su mucho interés, superarían la extensión exigida para este tipo de trabajos; después de haber leído las páginas que siguen confío en que cada uno de mis lectores habrá despejado la incomprensible pero real incógnita que se cierne sobre el colectivo de los disminuidos visuales en este rincón del planeta.
A lo largo de este escrito daremos tal nombre a los sistemas de acceso a la información digital diseñados para las personas ciegas o con baja visión; dichos sistemas se estructuran, según el tipo de usuarios que van a poder emplearlos, en tres subcategorías: ampliación de imagen (útil únicamente para las personas con resto visual, sea mucho o poco), síntesis de voz (donde se incorpora el grupo de los ciegos totales) y salida Braille (que a los dos colectivos anteriores suma el de los sordociegos). En los siguientes apartados veremos las herramientas más utilizadas para generar los tipos de salida referidos y que, en la mayoría de los casos, no realizan ninguna función si no existe un programa de control por encima de ellas, motivo por el cual deben ser consideradas adaptaciones de bajo nivel.
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| Ejemplo de pantalla de texto ampliada |
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| Ejemplo de pantalla gráfica ampliada |
Es este uno de los sistemas más fáciles de acceder a la información visualizada en pantalla, tanto para personas ciegas como con baja visión; su objetivo es sencillamente el envío de información de la computadora al usuario mediante mensajes hablados que, como veremos, suelen ser emitidos con voces total o parcialmente sintéticas aunque en algunas ocasiones se puedan emplear voces naturales grabadas.
Antaño el conseguir que un ordenador pudiera "hablar" no era fácil, siendo preciso para ello instalar en sus entrañas complejas placas de interfaz, que se conectaban a altavoces externos diseñados para tal fin y que emitían voces metálicas de difícil interpretación (tal era el caso del equipo VertPlus de la empresa Telesensory Systems, que así y todo hizo furor en sus tiempos y aún es recordado con admiración). Hoy día, y sobre todo desde la aparición de las primeras tarjetas de sonido mínimamente aceptables, manipular la voz humana, crear voces artificiales y hasta simular que el ordenador "canta" (mediante la manipulación de los tonos, volúmenes y velocidades de emisión de esas voces), está al alcance del menos exigente de los usuarios.
Esta última circunstancia ha ocasionado que el campo más evolucionado en la síntesis de voz para el uso de personas no videntes sea el de los sintetizadores por programación a partir de las posibilidades que ofrecen las tarjetas de sonido; de ellos existen numerosas variantes creadas en otros tantos idiomas, algunas de ellas muy potentes y con capacidades a veces curiosas en la interpretación de las lenguas (caso del aplicativo Eloquence, fabricado por Eloquence Technologies y distribuido por la casa IBM como parte del paquete ViaVoice, que es muy apreciado entre los usuarios de este género de adaptación); digno es también de ser mencionado el no ha mucho tiempo aparecido Orpheus de la compañía inglesa Dolphin Computer Access, programa de síntesis de voz con cerca de cuarenta variantes de idioma creadas y con notables ventajas frente a los ya implantados, aunque sus voces todavía deben perfeccionarse; Microsoft, por su parte, diseñó hace un tiempo un motor de voz bastante potente y usado aunque con sólo el idioma inglés, al que hace poco ha sumado los motores en una quincena de idiomas que desarrolló la empresa Lernout & Hauspie, y que ha comprado para distribuirlos de forma gratuita junto con el suyo a través de su página Web. También, y aunque en origen no fueron desarrollados para tal propósito, se ha conseguido emplear los sintetizadores de voz incluidos en programas de texto hablado como adaptaciones para ciegos (tal es el caso del que acompaña al popular TextAssist, fabricado por DEC, distribuido por la empresa Creative Labs con algunas series antiguas de su tarjeta de sonido SoundBlaster, y que puede hablar más o menos aceptablemente en cuatro idiomas); este aprovechamiento, además del ahorro en costes que puede suponer, aumenta la compatibilidad de los programas de accesibilidad que emplean síntesis de voz.
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| Sintetizador Ciber232P de Tecnicaid |
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| Apariencia visual del código Braille |
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| Terminal de Braille Delphi 440 de Alva (40 celdas) |
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| Terminal de Braille Delphi 480 de Alva (80 celdas) |
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| Equipo completo dotado de terminal Braille |
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| Impresora Braille Everest de Index |
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| Impresora Braille PortaThiel de Thiel GMBH |
Forman el grupo que así hemos convenido en denominar todas aquellas aplicaciones, tanto sólidas como lógicas, cuyos resultados se obtienen a través de una o más de las adaptaciones de bajo nivel y que, por tanto, requieren la presencia de alguna de éstas para desempeñar su cometido; obedeciendo a la calidad de la información que procesan podemos agruparlas, tal y como mencioné en la introducción de este escrito, en revisores de pantalla (que obtienen los datos de forma indirecta), revisores de documentos (que los consiguen directamente) y tomadores de notas (que no precisan de recibir entrada pues ya disponen por sí mismos de toda la información).
Es este el más importante grupo de adaptaciones de alto nivel existentes actualmente, además de ser el más antiguo y, por ende, el más desarrollado; lo componen todos aquellos programas y controladores que extraen la información de la tarjeta de vídeo del ordenador o de interceptar las secuencias de órdenes por éste ejecutadas y que, tras un proceso de análisis, suposición artificial y descifrado, la transmiten al usuario; como veremos en los siguientes dos apartados, la labor de los revisores de pantalla no es nada fácil, sobre todo en los entornos gráficos de trabajo ahora oficialmente impuestos, ya que han de entender, casi podría decirse que han de adivinar (a veces las condiciones de trabajo les son muy desfavorables), el contenido de la pantalla que la persona con vista aprecia de una sola ojeada, y transmitirlo al usuario carente de ese sentido de forma comprensible para ella.
Integran este primer subgrupo los programas destinados a aumentar el tamaño de las imágenes visualizadas en pantalla; lo cierto es que muy pocos conceptos nuevos aportan estos sistemas a los de ampliación de imagen por medios físicos excepto, claro es, la mucha portabilidad que puede asociar una solución que únicamente precisa de un soporte magnético para ser almacenada.
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| Logotipo del ampliador de imágenes ZoomText de Ai Squared |
Reciben este nombre los programas que sirven de interfaz entre la tarjeta de vídeo, los sistemas de síntesis de voz y/o los terminales de lectura Braille, y el usuario de la computadora, quien espera obtener de ellos la lectura o interpretación del máximo posible de elementos que conforman las pantallas de cada entorno de trabajo.
Cuando se operaba con entornos DOS, donde básicamente las pantallas se visualizaban en modo texto, estas aplicaciones debían posibilitar el acceso a dichas pantallas para los usuarios de sintetizadores de voz externos (que eran los que llegaron al público mayoritario dado que los basados en programación eran poco estables) pues, como antes indiqué, los terminales de Braille eran capaces de leer directamente de la tarjeta de vídeo sin la presencia de programas intermediarios. Estos primeros lectores, como el aún muy usado JAWS de la empresa norteamericana Henter-Joyce (actualmente integrada en el grupo Freedom Scientific), interaccionaban con el operador por medio únicamente del teclado, y facilitaban el acceso a cualquier región de la pantalla en diferentes modalidades de emisión de la salida (letra a letra, palabra por palabra, líneas, columnas, zonas marcadas, atributos de color...), siendo bastante sencillo su manejo dado que la persona no vidente no necesitaba de grandes explicaciones para imaginarse el aspecto de los textos visualizados. Valga decir que las pantallas en modo gráfico que a veces aparecían (gráficos de Lotus 1-2-3, dibujos de WordPerfect, el programa DOSShell suministrado con la versión 5.0 de MS-DOS, etc.) no podían ser leídas de ninguna manera, pues los lectores no eran capaces, quizá porque nadie se planteó nunca la necesidad de que lo fueran, de reconocer textos en este tipo de modos de vídeo.
Con la implantación de Windows el trabajo de los lectores se ha multiplicado de forma considerable; ahora, además de atender a los sintetizadores de voz, han de hacer lo propio con los terminales de Braille pues, como apunté, ya no se trata de enviar a estos periféricos lo que aparece en pantalla de forma comprensible para ellos, dado que lo visualizado sólo son puntos de color, sino de transmitir una detallada descripción de estos contenidos: qué es un menú, qué son botones, qué son gráficos imposibles de interpretar, a qué corresponde un texto (contenido de una línea editable, título de una ventana, nombre de un icono del escritorio...), etc. Es importante aclarar que antes de enfrentar a una persona totalmente ciega con un ordenador que funciona con sistema operativo Windows (especialmente si esa persona no ha visto nunca), hay que facilitarle una buena explicación, a ser posible ejemplificada con plantillas táctiles adecuadas a cada coyuntura, de la apariencia del entorno gráfico: qué aspecto tienen las ventanas, qué son las barras de herramientas, qué efecto produce seleccionar un elemento de una lista, qué es el puntero del ratón y qué pasa cuando se emplea este sistema de señalado, etc.; en muchos casos este es el escollo más difícil de superar en el aprendizaje del uso de un lector de pantalla, y es curioso que muchos ciegos aseguren que Windows, diseñado originalmente para facilitar el acceso a los ordenadores a toda la sociedad, resulte para ellos mucho más complicado de entender que el poco amigable DOS.
Es muy frecuente que los lectores de pantalla encuentren elementos que no sepan descifrar, pues la gran mayoría de programas ejecutables bajo Windows contiene dibujos que sólo su apreciación visual puede describir; por esta razón, los lectores más potentes incluyen opciones de entrenamiento que engloban desde la capacidad de aprender a qué corresponde cada elemento de una barra de botones hasta, por ejemplo, saber leer las cartas del juego del solitario que se suministra con todas las versiones del sistema operativo. Pero no son los gráficos el tropiezo más doloroso de los lectores de pantalla, sino los elementos irreconocibles, pues no hay que olvidar que, a pesar de disponer Windows de unas pautas universales de funcionamiento y programación, los creadores de aplicaciones no tienen por qué respetarlas y pueden inventar componentes nuevos de diseño exclusivo; ningún lector, por bueno que sea, puede llegar a identificar creaciones que se salgan de los convenios ordinarios del entorno gráfico, lo cual supone que un ciego suele tener vedado el acceso a bastantes aplicaciones de manipulación de sonido y a casi la totalidad de juegos, entre otras muchas aplicaciones.
Para facilitar en la medida de lo posible el acceso a los diferentes elementos que componen Windows 95/98/ME y Windows NT/2000/XP, la empresa Microsoft ha diseñado el paquete Active Accessibility, que distribuye de forma gratuita incluso como parte del sistema operativo, y que se pretende convertir en una pauta de programación que todo diseñador de aplicaciones deba considerar para que, más tarde, la interpretación de esas aplicaciones a cargo de los lectores de pantalla no presente dificultades. Existen, sin embargo, dos problemas serios: el primero es la no preceptividad de estas normas, de lo que se deriva que los programadores tampoco tienen por qué tenerlas en cuenta y pueden seguir incluyendo elementos nuevos en sus creaciones; el segundo obstáculo es que cada idioma requiere soportes adaptados, produciéndose la inevitable falta de versiones de Active Accessibility para las lenguas minoritarias, amen del harto común hecho de que las modificaciones que sobre el producto se hacen sirvan antes que a nadie a los usuarios de la versión inglesa (norteamericana para ser del todo exactos) de Windows; es también problemático que las nuevas versiones del paquete que se van elaborando y distribuyendo ya no aceptan correr bajo Windows 95 ni Windows NT 4.0.
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| Logotipo del lector de pantalla JAWS for Windows de Freedom Scientific |
Constituyen este otro grupo dentro de las adaptaciones de alto nivel, aquellas aplicaciones que buscan la información que han de transmitir al usuario vía las de bajo nivel, bien directamente en archivos informáticos localizados en un disco, ordenador remoto u otro soporte similar, o bien en un periférico capaz de transmitirle una información que, tras un proceso de conversión o identificación, le suministre datos equivalentes. Hoy día no es capital la importancia de estas herramientas, algunas de ellas todavía de reciente creación y todas con mucho camino por andar, pero se cree que en un futuro no muy lejano podrán dejar casi fuera de combate a los revisores de pantalla, pues patente ha quedado que la información que estos últimos han de emitir no siempre es del todo fiable ni fidedigna, caso opuesto al de los primeros, que únicamente deben leer datos y enviarlos a los dispositivos de salida de forma comprensible para ellos.
Este subgrupo, sin duda muy conocido y que casi todo el mundo ha utilizado alguna vez, lo integran aquellos programas llamados de texto hablado o Text-to-Speech (como puede ser el TextAssist citado en un apartado anterior o el Monologe de First Byte), que tienen como finalidad la transmisión por voz del contenido de archivos de texto, y que suelen ir acompañados de otras herramientas como deletreo de palabras (muy útil para el aprendizaje de idiomas), creación de mensajes o archivos de sonido con voz sintética (para emplearse posteriormente en el desarrollo de aplicaciones) o la más arriba descrita simulación de canciones.
Estos programas también suelen ser usados para ayudar a mejorar la pronunciación de letras o vocablos a personas disléxicas o con defectos de habla semejantes (tal es el objetivo del textHELP de la empresa irlandesa del mismo nombre, que llegó a tener versión en castellano hoy día abandonada pero aún disponible para quien desee adquirirla) y, por supuesto, son de gran utilidad a quienes disponen de poca o nula visión, pues les ofrecen dos ventajas: descansar la vista para los primeros en la lectura de documentos largos, y evitar a ambos el pulsar continuamente teclas de avance del texto para verificar dicha lectura visual o a través del revisor de pantalla parlante cargado. De un tiempo a esta parte está comercializándose un tipo peculiar de programas de texto hablado, que son los que además de disponer de una o varias de las funciones descritas, permiten guardar el resultado obtenido en archivos de sonido (es el caso del bastante popular TextAloud de la empresa estadounidense NextUp Technologies); con esta ventaja, por ejemplo, se pueden crear fácilmente discos compactos con textos que se van a escuchar con frecuencia (lecciones a estudiar, textos legales a tener a mano, etc.) o transferir esos textos a dispositivos digitales portátiles de acceso más ágil que el ordenador convencional.
Diversos lectores de pantalla, la verdad es que la mayoría, incluyen una herramienta de lectura de documentos que, además de permitir el acceso a ficheros de texto propiamente dichos (de extensión .TXT), son capaces de leer ficheros de ayuda de Windows, páginas Web, documentos de Microsoft Word y demás, desenrollando automáticamente los contenidos; algunas de estas herramientas incluyen opciones de ampliación de la letra de los textos, colocación de marcas de localización de secciones o puntos concretos, ajuste del color y la fuente de visualización, etc., para facilitar aún más la lectura. Es muy valorado el subprograma DocReader integrado con las versiones recientes del ampliador de imágenes ZoomText, que permite de un modo muy sencillo acceder a los documentos e incluso tratar las pantallas del entorno gráfico como tales, ofreciendo una lectura ágil por voz e imagen agrandada.
¿Quién no ha utilizado alguna vez las facilidades que ofrecen los digitalizadores de imágenes (scanners) para hacer fotocopias sin moverse de casa, para guardar en soportes magnéticos fotografías y así garantizar su conservación, o para introducir de forma rápida páginas y páginas de texto en el ordenador?; esta última capacidad, el reconocimiento de caracteres u OCR (Optical Character Recognition), es la que se emplea para conseguir que las personas ciegas puedan acceder a la información escrita en papel mediante el ordenador.
Lo cierto es que los programas que se utilizan para lograr el fin descrito en las circunstancias expuestas suelen ser idénticos a los que emplea el resto de los usuarios (OmniPage de Caere, TextBridge de Xerox...), eso sí, a veces acompañados de herramientas especializadas que hacen de puente entre el programa de OCR y el operador; dichas adaptaciones, por un lado, facilitan la labor de digitalización de los documentos (evitando la definición de límites de exploración, efectuando un contraste automático de los colores, descubriendo la orientación de las páginas...), y por otro ofrecen opciones de acceso directo a las adaptaciones de bajo nivel sin pasar por ningún revisor de pantalla (lectura directa por voz de los documentos, posibilidad de ver esos documentos con letra ampliada, manejo muy ágil de las opciones del reconocedor mediante menús hablados...).
Un programa muy vendido de estas características es el soporte Open Book de la casa norteamericana Arkenstone (absorvida no hace mucho por Freedom Scientific), que emplea los reconocedores ópticos de las empresas Caere y Abbyy, y que fue ideado para usarlo personas totalmente ciegas con conocimientos casi nulos de informática -más adelanta hablaré algo más de este interesante invento-. Arkenstone también ha lanzado al mercado no ha mucho el aplicativo WYNN, más potente que el anterior pero pensado para usuarios con resto visual y dotados de conocimientos elementales de informática; amen de las funciones de reconocimiento habituales incluye muchas posibilidades de modificar la salida visual o hablada, y la novedad de soportar marcas de localización incluso elaboradas con voz humana. Otro programa interesante que se sigue usando a pesar de correr bajo DOS y de estar manifiestamente desfasado es el VisAbility de Ai Squared, soporte muy sencillo que sólo digitaliza imágenes sin reconocer texto, pero que brinda unas opciones tan ágiles de ampliación y desplazamiento de esos resultados que indefectiblemente sorprende a quienes lo prueban por primera vez, además de ser de muy gran utilidad a personas con mínima vista.
Sin lugar a dudas, el terreno de los reconocedores de caracteres es donde queda más por hacer, pues aún usando los mejores del mercado, como puede ser el recientemente popularizado Fine Reader de la empresa rusa Abbyy, no es mucho el material que se llega a leer satisfactoriamente; las personas con baja visión aún tienen la posibilidad de escanear los documentos y leerlos directamente en formato gráfico, pero las totalmente ciegas quedan sin otra solución que depender de alguien cuando estos programas les niegan su ayuda: las fotocopias no muy fiables, los documentos generados por máquinas de impresión por impacto (libretas del banco, comprobantes de compra de los supermercados, etc.) o con poca tinta, los prospectos con mucho colorido y variantes de fuente, y sobre todo los textos manuscritos son firmes candidatos a ser rechazados por los reconocedores de texto actuales.
Aparte de las aplicaciones de OCR existen otras soluciones sólidas, algunas del todo fuera de uso por haber quedado obsoletas y otras todavía en período de pruebas, que sería una lástima dejarme en el tintero.
Uno de los sistemas antiguos, llamado Reading Edge, que posiblemente se use todavía consistía en una máquina de las dimensiones de una caja de ordenador personal, que era capaz de escanear documentos con muy limitados tipos de letra, verbalizando la salida a través de un sintetizador de voz interno, y permitiendo su traspaso a diskettes por medio de una unidad especial externa. Otro artilugio, que denominaron Delta y creo no fue más allá de unas cuantas demostraciones a cargo de sus creadores, era un ordenador portátil con salida Braille que leía documentos a través de una pequeña cámara que se deslizaba manualmente sobre el papel, siendo la salida la letra que figuraba bajo su objetivo en cada instante; la idea era muy buena pero el sistema leía, por decir algo, uno de cada cien escritos que recibía, existiendo además el insoluble problema de la incapacidad de leer las letras que superaban el tamaño del objetivo de la cámara. Otro equipo, este con gran éxito de ventas y que conserva algunos adictos, fue el Optacon de Telesensory Systems, que funcionaba igual que el dispositivo anterior pero la salida era táctil y no Braille, lo cual podía ir muy bien si el contraste entre blanco y negro estaba claramente definido, siendo que además se podía ampliar el tamaño de dicha salida.
Uno de los sistemas de OCR modernos ya en uso puede ser el diseñado por la empresa Arkenstone, llamado VERA (Very Easy Reading Appliance) y que integra en una sola máquina el ordenador y el digitalizador; se trata de un equipo (eso sí, limitado a las funciones de lectura de documentos escaneados) dotado de un pequeño teclado con el que se realizan todas las operaciones, una pantalla y el lector de imágenes, amen de una unidad de disco y puertos para conectar impresoras y sintetizadores de voz externos. El sistema emplea los reconocedores ópticos de Caere y Abbyy, el soporte Open Book, y ha sido pensado para que las personas que desconocen por completo la informática puedan leer libros utilizando sus ventajas; el equipo es ostensiblemente poderoso, pues a la gran calidad de los OCR's que utiliza, que soportan numerosos idiomas y calidades de texto entre otras capacidades, se suma el trabajado diseño del programa de adaptación, más que sencillo de usar y que, entre otras ventajas, permite exportar los textos obtenidos a varios formatos, efectuar amplias variaciones de la salida por síntesis de voz o ampliación de imagen y organizar los documentos escaneados en categorías bien definidas para su rápida localización.
Si hablamos de métodos ultramodernos todavía no implantados, hemos de hacerlo de la utilización de lupas electrónicas, cámaras de filmar y otros instrumentos de lectura de imágenes tridimensionales capaces de enviar los resultados al ordenador, como sistemas de digitalización de documentos en alta resolución; ya se ha conseguido que el sistema reciba información en formato gráfico desde estos periféricos y, por tanto, que los usuarios con resto visual puedan acceder a ella con la ampliación que precisen, pero se pretende que la entrada recibida pueda ser procesada por un reconocedor de caracteres para ser usable también por personas ciegas totales. Aunque hasta hace muy poco no se podía realizar el OCR sobre los ficheros creados por cámaras digitales o incluso webcams (dispositivos para vídeo-conferencia en línea), parece que recientes investigaciones en los laboratorios que tiene la empresa Xerox en Cambridge (Reino Unido) demuestran haber resuelto el problema, fruto de lo cual se empiezan a comercializar estas soluciones por medio de la compañía estadounidense PageCam; dado que todavía se dispone sólo de información teórica sobre este nuevo método de lectura, es prematuro aventurar su éxito o fracaso, aunque debe tenerse en cuenta que la calidad de los programas utilizados, la potencia de los equipos externos de captación de imágenes y sobre todo el coste económico asociado a la consecución de estos objetivos (que en muchos casos no está al alcance de cualquier usuario doméstico), pueden retrasar su imposición.
Mucho es lo que resuelven, si son de cierta calidad y se usan al cien por cien, los ampliadores de imágenes y lectores de pantalla en la lectura de páginas Web, pero en ciertos casos es necesaria la presencia de un programa suplementario para poder acceder plenamente a los contenidos de estos documentos.
Los navegadores de Internet especializados, que suelen combinar voz y ampliación de imagen, facilitan en gran medida la lectura correcta de los textos, la búsqueda rápida de enlaces (links) y demás elementos que componen una página, el desplazamiento lógico por las tablas y columnas, el acceso a formularios en línea, el envío y la recepción de correo electrónico y, entre otras capacidades, la lectura de los gráficos visualizados siempre que el diseñador de la Web los haya descrito. Por lo demás estos navegadores, como el ya retirado del mercado pwWebSpeak de la sociedad norteamericana The Productivity Works (que ahora ha pasado a llamarse isSound), funcionan de igual forma que cualquier otro (Internet Explorer, NetScape Navigator...), excepto que en su manejo se tiende a dar mucha más importancia al uso del teclado frente al ratón, que queda relegado como dispositivo auxiliar o incluso es desactivado para evitar conflictos propios del entorno gráfico.
Como el mundo de las páginas Web está en constante evolución, ha ocurrido que muchos navegadores diseñados exclusivamente para personas ciegas no han tardado en quedar obsoletos, o incluso se han dejado de comercializar (caso del citado pwWebSpeak), cuando su lanzamiento era relativamente reciente; muchos diseñadores de productos de este tipo han tratado de mantenerlos al día pero, merced a la constante implementación de los lenguajes de programación de subrutinas (scripts) o del propio código de escritura de las páginas, han tenido que desistir del empeño y distribuirlos para usos muy concretos o simplemente dejar de suministrarlos. La empresa IBM, con su ahora muy conocido producto Home Page Reader, parece haber encontrado la solución a este problema, que no es otra que utilizar el navegador Internet Explorer de Microsoft (hoy por hoy el más usado) como base para navegar y leer las páginas, tomando de él la información que precisa para transmitirla al usuario de forma adecuada a su condición de discapacitado visual; el programa es muy potente, se ha traducido a diversos idiomas (uno de ellos el español), no tiene un coste excesivo, emplea la voz y la imagen ampliada como salida, autoriza el uso del teclado y del ratón para interaccionar con el usuario y, lo más importante, no quedará desfasado cuando vayan apareciendo nuevas versiones de Internet Explorer pues es este último el que en realidad carga y procesa los archivos de la red.
Las páginas Web, contrariamente a los programas de aplicación comunes, disponen de unas pautas de elaboración bastante limitadas, hecho que evita en gran medida la aparición de diseños exclusivos imposibles de interpretar por los soportes de adaptación; a pesar de esto, las páginas escritas en lenguaje HTML (HyperText Markup Language) no son del todo accesibles, fenómeno que ha conducido a las organizaciones que integran el WWW Consortium, autoridad capital en la promulgación de reglamentos para la circulación de datos en Internet, a elaborar la normativa WAI (Web Accessibility Iniciative), donde quedan claramente definidos los criterios que una página HTML debe seguir en su gestación para poder ser utilizada más tarde por cualquier usuario independientemente de sus condiciones físicas o conocimientos de informática. Estos protocolos fueron traducidos inicialmente al español por el grupo de trabajo Acceso de la Universidad de Valencia, aunque ahora el organismo que desempeña la labor más importante de publicar documentación sobre este tema en castellano es el Seminario de Iniciativas sobre Discapacidad y Accesibilidad en la Red (SID@R), al que se le une el grupo HTML con Clase dirigido por Juan R. Pozo, que traduce las publicaciones del W3C (WWW Consortium), y la Comunidad de Murcia que, gracias al trabajo del funcionario Carlos Egea, ha editado en un libro digital y en papel la traducción más completa de las recomendaciones de accesibilidad descritas; también se han construido pequeños programas aplicativos de distribución gratuita o a bajo coste (como el Bobby de la sociedad CAST) capaces de determinar si una página cumple o no los requisitos exigidos para ser accesible, iniciativas que se unen a otras como la emprendida por la Comunidad de Asturias consistente en una página Web que valida en línea la accesibilidad de otras páginas, o el libro de estilo para elaborar Web's accesibles que ha publicado la Diputación de Barcelona (hablo en todo momento de organismos del estado español); por desgracia y a despecho de todos estos esfuerzos, las condiciones cuya reseña antecede son de aplicación voluntaria y, ¡qué se le va a hacer!, tienden a pasarse por alto mucho más de lo que sería disculpable.
Este desajuste puede verse corregido y aumentado en el mal sentido con el establecimiento del lenguaje XML (eXtensible Markup Language) como código base para la escritura de páginas Web a nivel universal; con este cambio que ya soportaba la versión 5.0 de Microsoft Internet Explorer, el lenguaje ha evolucionado hasta el punto de no ser propiamente tal, pasando a constituirse en una herramienta para la creación de diferentes metalenguajes o DTD's (Document Type Definition), todos ellos con el denominador común de estar orientados a la edición de textos marcados, y dando su suma como fruto el nacimiento de la ya conocida como "familia de lenguajes XML", uno de los cuales (quizá el más importante y sin duda el más popular) es el HTML mejorado que se ha acordado en llamar XHTML; la inclusión de nuevas fórmulas de edición de páginas Web, sobre todo en el aspecto de que cualquier persona puede idear su propio lenguaje para escribirlas, habrá forzosamente de ocasionar muchos problemas de accesibilidad que se sumarán a los ya existentes.
Pero como en la informática es plenamente válido el dicho "no hay mal que por bien no venga", así como la afirmación de que cada nuevo invento redunda en el progreso, nos encontramos con el surgimiento de perceptibles mejoras derivadas del paso al XML como código unificado; además de incrementar las capacidades de manipulación de la información escrita, este código es el paso definitivo hacia la separación de los contenidos y la presentación de las páginas Web, camino iniciado ya en la última versión de HTML (4.01) por medio de las llamadas "hojas de estilo en cascada", que permiten configurar a cada usuario el perfil de las páginas que va a recibir (colores, tipos y tamaños de letra, presencia o no de gráficos...); por otra parte, algunos de los lenguajes hijos del XML, si se saben utilizar correctamente, pueden facilitar a las personas ciegas y discapacitadas visuales el acceso a información diversa, caso por ejemplo del lenguaje multimedia SMIL (Standard Multimedia Interface Language), con el que se están creando ya algunos libros hablados digitales, aspecto que estimo más conveniente explicar en una sección independiente dada su trascendencia.
Hasta hoy, los ciegos de todo el planeta han tenido tres formas, asociadas a tres soportes diferentes de almacenamiento de la información, de leer publicaciones escritas: tratar de acceder al soporte visual corriente (bien haciendo las mil y una para leerlo con la visión propia, bien sometiéndolo al inflexible ojo de un OCR o bien, que era lo más seguro, solicitando ayuda a alguien de vista más competente), escuchar lecturas grabadas en cintas de cassette por entidades dedicadas a tal oficio, o leer directamente en libros editados en Braille. La tercera solución, para qué nos vamos a engañar, es y será por los siglos de los siglos la ideal, a pesar de que implica una gran desventaja que es el volumen físico de los tomos: allí donde caben seis letras bien dotadas de imprenta sólo se puede albergar un carácter Braille, lo cual provoca que un diccionario de los más modestos ocupe más de treinta gruesos y altos volúmenes en el código de escritura de los no videntes. De igual modo, valga decir que las lecturas grabadas, asimismo de presentar grandes problemas para la rápida localización de secciones, ocupan gran cantidad de cintas, motivo por el cual se ha tenido que diseñar un sistema de compresión de esa información, sólo legible por aparatos especiales y que multiplica por cuatro el minutaje disponible en cada medio físico; ello, sin embargo, no quita que Guerra y Paz de Leon Nicolaievich Tolstoi requiera once cintas de noventa minutos, Las Mil y una Noches completas veintitrés y nuestro Don Quijote de Miguel de Cervantes siete.
El cuarto método de lectura que existe ahora, al cual tendrán acceso tanto las personas que vean bien como las que no, será el de los CD-ROM's con libros grabados en lenguaje SMIL, que combinarán el texto propiamente dicho (al que se podrá acceder por medio de la ampliación de imagen, la voz sintética y/o el Braille), el sonido, los videos, los gráficos y, en los casos que se pueda llevar a cabo, el mismo texto grabado con voz humana. Las ventajas de este sistema serán casi infinitas: por una parte, los libros creados así podrán ser adquiridos en cualquier establecimiento del gremio sin especialización alguna, lo cual, sin ir más lejos, facilitará a la persona ciega la compra de material listo para ser leído; por otro lado, obvio es, los textos escritos en ese lenguaje posibilitarán un acceso muy directo a cualquier punto de sus páginas, merced al potente sistema de marcado que poseen todos los códigos de programación de esta índole; por último, y también es evidente, el hecho de utilizarse lectores convencionales de páginas Web para visualizar el contenido de los CD-ROM's, autorizará el uso de todas las ventajas compartidas que ofrece Windows: copiado y pegado de datos, impresión, exportación a otros formatos de archivo, opciones de accesibilidad, etc.
Párrafo aparte merece la novedad de los libros grabados con voz natural; esta adición a los soportes digitales se hará en los casos en que se crea conveniente y, sobre todo, cuando se disponga de medios económicos para financiarlo. Los CD-ROM's con este añadido, que poseerán todas las ventajas de los anteriores, podrán almacenar en un solo disco, gracias al potente sistema de compresión de audio y vídeo integrado (del tipo del ya popular MP3 del grupo MPEG), más de cincuenta horas de locución que equivalen, para hacerse una idea, a algo más de la duración de la lectura del genial libro Los Miserables de Víctor Hugo, que ocupaba ocho cassettes comprimidos de noventa minutos y, por consiguiente, la escalofriante cifra de treinta y dos en grabación ordinaria. La voz humana, siempre mucho más agradable que la sintética por lograda que ésta esté, será tratada en este sistema igual que el resto del conjunto, admitiendo marcado, búsqueda y manipulación de sus datos.
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| Lector de libros hablados Victor de VisuAide |
De gran utilidad es para las personas que no ven lo suficiente como para tomar notas de forma convencional, la posesión de un sistema rápido, fácil de usar, portable y de una cierta capacidad, para suplir esta falta.
Los primeros ordenadores portátiles diseñados exclusivamente para ciegos aparecieron a mediados de los años ochenta (equipo VersaBraille de Telesensory Systems), y consistían en una máquina de las dimensiones de una CPU actual (cuyo peso era considerable), dotada de un teclado Braille y de una línea de salida de veinte caracteres en dicho código; podían almacenar la información en su memoria o en diskettes, enviarla a una impresora o a una computadora ordinaria y, mediante la tarjeta de interfaz adecuada, servir de lector de pantalla como un terminal de Braille más.
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| Ordenador portátil SonoBraille distribuido por ONCE España |
Además de los revisores de pantalla propiamente dichos, existen otras pequeñas aplicaciones informáticas, no agrupables con éstos pero menos aún con otros tipos de adaptaciones, que son de cierta utilidad a las personas con deficiencias visuales, a pesar de no haber sido obligatoriamente diseñadas para ellas. Como reseñé en la introducción, el lanzamiento de Windows 95 conllevó la distribución a nivel general de herramientas para facilitar el trabajo a personas discapacitadas; aún siendo muy básicas, las posibilidades de variación de tipo y tamaño de letra del entorno, de emisión de señales acústicas al producirse errores o circunstancias similares, de modificación de la forma del puntero del ratón, de uso del teclado numérico como conductor de dicho puntero, de avisos audibles al activar o desactivar las teclas de bloqueo (mayúsculas y teclado numérico), etc., son de uso frecuente para muchas personas de vista escasa o nula.
Aparte de esto, se distribuyen pequeños programas que ofrecen más capacidades: editores de punteros para el ratón, reproductores de CD's de audio con botones grandes, juegos con sonido o imágenes agrandadas, paquetes de macros para facilitar la ejecución de determinadas rutinas dentro de programas de trabajo, tutoriales hablados o con ampliación de letra para aprender fácil y cómodamente aplicaciones de gestión, intérpretes de voz para comunicarse mediante órdenes orales con el sistema, simuladores de teclado Braille que emplean sólo nueve teclas para realizar todas las funciones, soportes de dictado, cursillos de mecanografía con ejercicios adaptados, y un largo etcétera.
Otras adaptaciones, en este caso sólidas, que se han desarrollado para ciegos o que éstos han podido emplear para paliar su falta, y que también merecen clasificación aparte son, por ejemplo, reproductores de cintas de cassette pensados para el dictado ágil de datos (dictáfonos), máquinas para estenotipia informatizada (StenoKey), lectores de códigos de barras (para la identificación de alimentos, ropa, medicinas...), sistemas para la creación de viviendas inteligentes (domótica) en las que un ordenador central controla el estado de todos los componentes (electrodomésticos, teléfono, puertas...), etc.
Mucho es aún el trabajo que queda por hacer para que una persona ciega pueda acceder al cien por ciento de las posibilidades que brindan las computadoras, a pesar de no ser poco lo que se lleva desarrollado hasta nuestros días, proyectos futuros incluidos; no obstante, el gran inconveniente que parece no se va a resolver tan pronto no es que la persona no vidente necesite de alguien que le lea la libreta de ahorros, ni que tenga que vaciar de cuando en cuando todo el contenido de su disco duro por culpa de programas encaminados a facilitarle el trabajo pero enemigos entre sí, ni siquiera el hecho de necesitar casi un despacho para él solo donde ubicar todos los equipos que lo convertirán en un trabajador más: ese gran obstáculo es el elevado precio de todos los productos, especialmente de los equipos sólidos, diseñados para suplir su discapacidad.
Poco tiempo ha, la empresa Microsoft firmó un contrato con una importante compañía privada que desarrolla algunas soluciones informáticas para ciegos (ONCE España), mediante el cual esta última se comprometió a crear un lector de pantalla que se distribuiría gratuitamente con las futuras versiones de Windows, en conjunción con las opciones de accesibilidad suministradas desde Windows 95, que incorporan ya un pequeño ampliador de imágenes agregado en Windows 98. Este conjunto de programas, muy sencillos pero sin especiales requerimientos físicos (tampoco para la nueva adaptación descrita), podrían provocar que los usuarios no expertos, esto es, que sólo utilizan el ordenador como herramienta de escritura o acceso a la información, se conformaran con ellos y no adquirieran productos más potentes; esto último, por lógica, debería desatar una guerra de precios entre las empresas del ramo especializado cuyas creaciones, además, serían perfeccionadas hasta el último detalle, hechos ambos que beneficiarían a los usuarios exigentes y tal vez a los no tanto. Está por verse lo que ocurrirá con el pequeño lector de pantalla citado, denominado Narrator, desarrollado hasta la fecha por la propia Microsoft, y que se suministró ya con Windows 2000 pero sólo con su inclusión en el recién aparecido Windows XP comenzará a ser conocido, usado y quién sabe si a hacer desistir de comprar un lector de pantalla profesional a algunos usuarios poco exigentes o con escasos recursos económicos.
El problema del hardware es diferente, ya que el único motivo de su elevado precio son las limitadísimas series que de cada equipo se hacen; sólo la unión entre muchas empresas del sector para elaborar un producto universal y definitivo podría solventar este problema, pero los intereses económicos que siempre aparecen donde menos se los necesita, amen de la disgregación de las entidades dedicadas a velar por los intereses de las personas no videntes, hacen del todo imposible este arreglo. Cuando hace un tiempo varias empresas del sector, que fabricaban tanto equipos sólidos como programas informáticos, se fusionaron en Estados Unidos dando lugar al varias veces citado grupo Freedom Scientific, una bajada de precios se vislumbró tímidamente e hizo nacer las esperanzas de muchos discapacitados visuales; por desgracia, ocurrió todo lo contrario: la nueva compañía aprovechó su situación de monopolio en algunos terrenos para subir costes y considerar a sus clientes como si de compradores de artículos de lujo se tratara. En resumen y como en muchos terrenos sociales ocurre, la paciencia, la lucha y sobre todo la esperanza son las tres premisas de futuro: positivo es pararse a pensar que hace unos años nada de lo que existe ahora era imaginable por los más optimistas...
Víctor M. Maheux
Se detallan en los dos subapartados que figuran a continuación.
- Fundación de Ciegos Manuel Caragol
- Associació Catalana de Cecs (ACC)
- Centro de Investigación "Acceso" de la Universidad de Valencia
- Discapacidades en España (DiscapNet)
- Grupo HTML con Clase
- Manolo Net/Magoo Landia (Puerto Rico)
- Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE)
- Seminario de Iniciativas sobre Discapacidad y Accesibilidad en la Red (SID@R)
- Tiflonet (lista de correo sobre tiflotecnología)
- Usuarios de Tiflotecnología para el Libre Acceso a la Información (UTLAI)
- Equal Access to Software and Information (EASI)
- Empowerment Zone
- Microsoft Accessibility Home Page
- National Federation of the Blind (USA)
- Royal National Institute for the Blind (UK)
- The Screen Magnifiers Homepage
- TRACE Center
- World Wide Web Consorsium/Web Accessibility Iniciative
- Yuri Rubinsky Insight Foundation